Un sueño de otro siglo
- Joanna Ruvalcaba

- 16 dic 2025
- 4 Min. de lectura
El reloj markaba las 16:30, domingo 24 de nobiembre de 2513, justo unas oras antes de la fetxa límite. El sielo tenía ese karakterístiko kolor verde de una tarde de inbierno. Mar estaba de pie frente a la bentana, mirando asia akel infinito verde i gris ke la asía suspirar. Siempre abía kerido bibir en una torre komo akella, en un departamento komo akel, con más de 30 metros kuadrados, con una bentana ke diera al orisonte. Aora tenía ke trabajar en las notxes, luego de estudiar; pero no importaba, eso era justo lo ke eya kería. Era ekstraño, pero más trabajo no abía debenido en más estrés, sino en una pas largamente buskada. En unos momentos, yegaría Lus, su amige-crox kon kien tenía un trabajo eskolar ke terminar.
El timbre sonó con su melódiko tintineo, pero eya dio un respingo como si ubiera tronado una alarma. Su korasón se aseleró i una sonrisa brotó de sus labios más rápido ke una notifikasión. Rebisó su túnika i komprobó ke briyaba en kada pliege i ke olía a flores kon kada mobimiento. Perfekto. Podía dar una orden en bos alta, klaro, pero prefería ir direktamente a abrir la puerta. En kuanto Lus aparesió frente a eya, todo lo demás dejó de eksistir al instante.
–¿Paso? –preguntó él kon su usual pragmatismo amable.
–Klaro –respondió eya con una bos lijeramente txiyona.
Él se sentó direktamente en el siyón, como siempre. Se beía relajado, trankilo. Eya, en kambio, tenía difikultades para kontrolar el temblorsiyo de sus manos. Sirbió un par de bebidas refreskantes con proteína i se sentó en el sofá junto a Lus, komputadora en mano.
–Bueno –dijo él con un suspiro–, literatura del siglo XXI.
–Sip –confirmó eya todabía sin poder disimular su sonrisa–, le dosente pidió que aremos un ensayo de kinientas palabras, sin apoyarnos en la intelijensia artifisial.
Un nuebo suspiró brotó de Lus. Odiaba ese tipo de trabajos.
–Bueno, ¿ké podemos relasionar ke emos bisto en klase?
Ambos miraban a las paredes de su alrededor, buskando las respuestas. Lus abrió algunos artxibos en su komputadora.
–Por ejemplo, este teksto:
“Estaba en mi habitación revisando los mails del día. Era tarde y me encontraba sumamente cansada. Me puse los pantalones de la pijama para estar más cómoda y suspiré. Es curioso cómo, a veces, ni siquiera en vacaciones sabe uno descansar. Vivimos agobiados por tan diversas y abundantes situaciones de la vida que, pronto, sentirse cansado es normal; el dolor de cabeza es normal; no dormir es normal; comer mal es normal…”
–Mmmmh –kontinuó, pensatibo–, su otrografía no tenía ni pisca de sentido.
–¡Jájaja! Klaro –confirmó emocionada Mar–, conserbaban resabios de grafías grekolatinas.
A Lus no le importaba ke kisieron conserbar las etimolojías; él era práktiko i le fastidiaba ke le eksijían aprender reglas arkáikas. Sin embargo, akel ensayo era importante. Se apresuró a tomar nota de akel aspekto ortográfiko. Eya también ojeó los libros de la época en su dispositibo.
–También estaban agobiados por problemas rasiales…
–I sosiales… –kompletó él.
–I de klase…
–I de nibel edukatibo…
–I de ideolojía…
–I de produktibidad…
–I de alimentasión…
–I de ropa –puntualisó Lus–.Todos podían usar pantalones, pero no todos podían usar falda.
Ambos miraron sus túnicas i rieron. Mar pensó en lo linda ke era la risa de Lus i en la berguensa ke le daba desírselo. De repente, él se puso un poko serio i miró a Mar a los ojos al tiempo ke se aserkaba a eya en el sofá.
–Mar, ai algo ke kería desirte…
Mar sintió ke el aire mismo se detenía a su alrededor. Lus se aserkó un poko más. Abía dejado la komputadora a un lado...
Sintió una arrebata. ¿Pero qué a pasado? Pensó para sí. Un momento le tomó uoluer a la realidad y librar las nieblas del suenno. Luego, uoluió a su memoria: Era el anno 1560 de Nuestro Sennor. Su marido dormía cabe d’ella. Auía sido un suenno de lo más extraño. Una muger fablaba con un varón sin cautela alguna. Fallaba aquéllo de lo más deshondroso. ¡Ome et muger con sendos ropajes e sin mayor decoro! E aquel testo sobre otra muger vistiendo pantalones como varón… ¡E la forma de fablar e de escrebir de aquel libro luminoso! ¡Qué desdoro!
Su marido auía despertado, alcançado por los rayos del astro rrey.
–¿Tuvistes otro suenno, muger?
Non había manera qu’ella aceptase algo así de viva voz. ¡Se sopiese él lo que hauía catado en el suenno! Ella sentose en el lecho, de frente al cruçifijo e se persignó por aquélla mentira que estaua presta a deçir.
–No, por supuesto. A sido solo que e creído oír el galeón arriuando al puerto. ¿Es posible que llegase ya?
–¡Cierto es! –exclamó su marido, yirguiéndose en el acto e fizo su exida apriessa por la puerta, todauía en pannos menores.
–¡Qué esposo mío! –pensó la muger– ya uoluerá por sus prendas. Mientre yo, no allongaré más aquesto.
E se puso en pie e acogió a se vestir.
Joanna Ruvalcaba
Mérida, Yuc., 2025


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