La actuación y la escritura
- Joanna Ruvalcaba

- 14 nov 2022
- 2 Min. de lectura
Siempre recomiendo a los escritores que se acerquen al teatro. ¿Por qué? Bueno, les contaré una historia:
Hace mucho, mucho tiempo, las historias dormían en la mente de las personas hasta el momento en que eran expresadas oralmente y escuchadas con avidez por los demás. Para recordarlas mejor, a menudo estaban construidas con versos rimados y no era raro que fueran acompañadas con música de fondo. Así, la literatura, la música, la poesía y la oralidad estaban estrechamente entrelazadas.
El teatro surgió después, cuando los coros tuvieron a un actor que los interpelara en el escenario, cuando las palabras comenzaron a ser pronunciadas por sus personajes, y estos fueron representados con el cuerpo y la voz de una persona tras una máscara. Entonces, a la literatura, la música, la poesía y la oralidad se unieron la plástica y la actuación... y nació el teatro.
De esta manera, podemos ver cómo estaban interconectadas todas las artes. Es por eso que conocerlas nos permite enriquecer cualquiera de ellas que practiquemos. Cuando escribimos, podemos nutrir nuestras descripciones con imágenes, con colores y sonidos, con poesía, con descripciones arquitectónicas, con narraciones de danzas y rituales.
¿Y la actuación? Esta es la mejor manera que conozco para conocer a un personaje. Al memorizar y repetir sus palabras, al reconstruir sus actos y al meternos en su piel, podemos conocerlos de una manera única y profunda. Sé que no todos los escritores somos iguales y no tenemos por qué usar todos las mismas herramientas. Sin embargo, yo aprendí a escribir desde el escenario y descubrí esa otra dimensión que toman los personajes al ser interpretados.
Así, les comparto estas breves notas sobre las que trabaja un actor al acercarse a un personaje:
¿De dónde viene?
¿Quién es?
¿Adónde va?
¿Qué quiere?
¿Qué teme?
¿Cómo suele reaccionar?
¿Cómo piensa resolver el problema?
Y es que cada personaje es diferente y sus acciones a veces lo definen, y sus palabras son parte de sus acciones (explicaré esto último en otra entrada).
Un ejemplo que nos daba mi maestra Nadia González Dávila en el curso de teatro para niños:
¿Cómo enfrentó cada héroe a Kerberos, el perro de tres cabezas que custodiaba el Inframundo griego?
Orfeo lo calmó con música.
Hermes lo durmió con agua del río Lete.
Psique lo drogó con panes de miel, igual que Eneas.
Y Hércules peleó con él a puño limpio.
Así, las motivaciones que impulsan al personaje son tan importantes como sus deseos y los medios que utiliza para lograr sus objetivos (los logre o no, su modus operandi es importante). Todo esto y más se puede aprender al darle cuerpo y voz a un personaje.
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